jueves, 1 de abril de 2010

4to capítulo de ¨La chica del traje negro¨

Los años de profesión habían hecho que los lugares más privilegiados de esos eventos, fueran de fácil acceso para ella. Ya no tenía que sufrir bajo el sol, entallada en un vestido de látex, ni soportar los poco sutiles manoseos de poderosos hombres empresarios. Un audífono y un handy de última generación la separaban de lo que solía ser.
Ese día una sola persona la atrajo como un imán. No por una belleza despampanante, ni por un carisma desmedido, sino porque era la única persona en la fiesta que no había osado mirarla: Alejandra, hija de uno de una familia de tradición.
En un trance liderado por orgullo herido y por la adrenalina de un juego al que había que ganar, no pensaba en otra cosa que no fuera cómo llamar su atención y como una adolescente empedernida, la solución más cercana fue jugar con el contacto físico: dejó caer su copa de champagne justo a su lado, manchando los zapatos de diseñador de Alejandra, para ofrecerle (no sin una seductora agarrada de brazo desnudo) mandarlos a limpiar o mejor aún, reponerlos por unos nuevos.
Alejandra lejos de no haber notado la presencia de Lucía, se caracterizaba por su sutileza en el arte de la seducción. Por eso y quizás por prejuicios de los demás ante su sexualidad no totalmente admitida, disimulaba sus juegos para seducir. Además, un amigo en común que Lucía no sabía todavía que tenían, había advertido a Alejandra de que Lucía escondía un pasado al que nadie podía acceder pero del que se avergonzaba a mares.
Nada de eso detuvo lo inevitable. Como polos opuestos, atraídos por física pura, se envolvieron en una historia que las dejaría en las manos de la justicia, con el traje negro (ese que Alejandra desprendió con suavidad esa noche) como única evidencia...

1 comentario:

  1. Todo pareciera ser que Alejandra, sumisa en su indiferencia pero imponente en su manera de actuar,quisiera recabar datos de aquella historia que todavía no se cuenta. Lucía por lo contrario, torpe en sus movimientos de conquista da por sentado que quiere más. No le basta lo que ya hizo, pero le sobran motivos para volver a actuar.

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