El teléfono sonaba, sonaba sin cesar, y aunque sabía que debía atenderlo, no podía liberarse. Presa de una sensación que la atrapaba sin tregua, se negaba a abandonar la cama. Sus amigas siempre se reían, decían que poseía la innata capacidad de enamorarse en una noche. Pero sus amigas no estaban; Se había ido de Argentina quizás escapando de alguno de esos amores, quizás solo por rebeldía, quizás por que si, no conocía bien el quizás, solo la alegría de estar lejos de todo.
“Dale dejame que tengo que atender, a lo mejor es trabajo...” con un último beso abandonó la cama. Efectivamente, la llamaban de la agencia; La necesitaban ese fin de semana si o si. El abierto de tenis había mermado a la agencia y no había chicas dispuestas a afrontar el reto del gran circo.
Eran unos pocos días y mucho dinero, pero eso no era lo mejor. En las fiestas post-carrera siempre hay buenas presas y eso a ella le encantaba. Dinero, lujo, glamour y la adrenalina de sentirse observada. No sabia con quien se iba a volver esta vez, pero estaba segura de algo: sola no.
Aunque poseía un vestidor muy grande tardó bastante en elegir. Las prendas volaban de un lado a otro, pero nada parecía perfecto. Hasta que el azabache más oscuro colmó sus expectativas.
pd: en este capítulo hemos decidido cambiar las reglas del juego. Vuestras aportaciones han sido tomadas, y muy positivamente valoradas, para futuros capítulos. Cambiamos el discurso e hicimos un salto tempo-espacial.
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