viernes, 9 de abril de 2010

5to Capítulo "La chica del traje negro"

Había sido una discusión muy acalorada, desde las tibias palabras del principio al fogoso final, y solo había un testigo: su tan amado chevy.
El supermercado aguardaba, pero sus cuerpos, sordos oídos del tiempo, se habían fundido en un espiral de sexo y lujuria. Espiral que sin saberlo daría sus últimas vueltas que daría.
-Ya sabés como es mi viejo. Alejandra huyó del encierro en el que se encontraba sabiendo que, aunque su corazón le pedía a gritos quedarse, no podía fallarle a su padre.
-Eso si -le dijo volviéndose- devolveme el tuper. Y se fué.
La cena de cumpleaños fue todo un éxito: Se sabía una gran cocinera y, si su padre era el agasajado, sacaba lo mejor de sí para regalarle una noche inolvidable. Ella, respetuosa y cordial, disimulaba una tibia sonrisa y cambiaba de tema cada vez que las tías se metían en temas escabrosos por no decir amorosos. “Si tán solo supiesen en el quilombo en el que ando” pensaba y se retiraba.
Cuando la gente por fin se fue, su cabeza volvió a donde la había dejado, el asiento trasero de su chevy. Las tías, los mecánicos, los amigos de su padre, los corredores, los sponsors, muchos rostros entre los cuales, sin éxito, la buscaba. La suerte quiso que pocos notaran la ausencia de la gerenta de marketing, aquella simpática ex-modelo que habían incorporado al staff justo después del gran premio de Barcelona, alguien que para todos era una incógnita y de la cual muy poco se sabía.
-Mierda... se escucho desde el living, y en un instante el padre estaba a su lado.
-Qué te pasa ale?
-Me olvidé una cosa en lo de una amiga...vuelvo en un rato
-Pero son las 2..
-Si si pa, no te preocupes, son 15 minutos, cuando vuelva acomodo todo....
El chevy, que hasta hace unas horas había servido de refugio, se desplazaba con la suavidad que a ella le gustaba. Aun se percibía el aroma de Lucía y eso a ella le estremecía, ansiaba tenerla entre sus brazos y hacer todo aquello que no se animaba a contar. No podía quitarse su imagen de la cabeza y la sensación de la piel al erizarse a su lado. Era mucho; Demasiado para tenerla tan cerca, se tenía que alejar de su vida como fuese.
La decisión estaba tomada, Lucía tenía que desaparecer, de una u otra manera, si hablase de lo suyo podía tirar por la borda la reputación que el taller y su familia tenían. No había otra salida y aquella era la noche indicada. Lucía tenía que desaparecer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario