- Hoy “Folgo” – Soltó el pequeño en un momento de iluminación, justo cuando al sol regalaba sus primeras caricias.
- ¿Qué lo qué? – Dijeron al unísono padre e primogénito.
Joaquin mirando por la ventana al horizonte, no atinó a mover un músculo a pesar de la extrañes de quienes venían en la parte delantera del coche. Tomas lo miró a su padre quien devolvió la mirada abriendo bien grande los ojos y frunciendo el ceño.
- ¿Y que es el Folgo Joaquín? – Preguntó el padre, esperando una desopilante respuesta.
- El folgo es ese coso redondo que tiene como ovejita adentro y donde pones los pies en el campo a la tarde cuando hace frío y estamos frente al fuego y tomamos ese mate rico con yuyitos raros que prepara don Fulgencio. – Mientras terminaba los ojos se le abrían grande, la cara se le ponía colorada y la voz se le empezaba a ir; Es que Joaquín cuando se emocionaba no aguantaba las ganas y lo soltaba todo juntito y pegadito.
- Ahh Joaco, vos si que estás loco ehh – le decía Tomás mientras reía a carcajadas.
- ¿Y cómo te acordaste de eso? Si la última vez que fuimos al campo fue hace muco tiempo y vos aun gateabas.
De nuevo la situación apremiaba al menor, que decidió ignorar el espejo retrovisor de donde provenían la mirada picarona, pero inquisidora de Juan, que seguía sin entender la astucia del menor.
La frontera se vislumbraba complicada sobre todo explicar la ausencia de Alma y el maldito papeleo. Joaquín mirando con mucha atención a los policías fronterizos y al padre dijo:
- “Comunicación” papá, tenés que tomarte las cosas con calma. Explicales bien y te van a entender. Así lo hubiese hecho mamá…
La razón del pequeño, la calma y la gran verdad sorprendieron a Juan, que se lo quedó mirando un rato largo mientras el pequeño volvía al coche hablando solo, y el retornaba a la explicación con los agentes aduaneros.
-La tiene clara el gurrumin ehh – Dijo el agente de verde
-Si, el viaje me lo está volviendo bicho..
Joaquín de camino al auto se encontró con ella.
- Ya está ma, papá está aprendiendo, creo que vamos por buen camino…
Luego de andar muchos kilómetros y de cambiar varias veces de país, por fin llegaron a aquella playa, la playa de su Alma.
Era el momento de empezar una nueva vida…
jueves, 5 de agosto de 2010
viernes, 14 de mayo de 2010
La palabra de hoy. Cuarta Entrega.
- Hoy “comunican”
- Comunican? De donde sacás las palabras vos?
- Cómo que de donde? Del mismo lugar que siempre.
Tomás no quiso ahondar mucho mas en el tema, pero achinando los ojos lo miró y le dijo: Joaquín, en que andás vos?
Joaquín conciente de lo que acababa de hacer, abrió bien grande los ojos, se tapo la boca con la mano derecha y miró para otro lado buscando una respuesta, y la encontró en un pequeño diccionario de bolsillo.
- De ahí, de donde sino…
Para Juan las cosas no habían resultado tan paradisíacas como el se lo había planeado. A pesar de estar viajando y disfrutando de los rincones del pais, no lograba desenchufarse y disfrutar de sus hijos. Sabía que dinero no le faltaba pero no lograba escaparse de la rutina mental de pensar en su Alma. Ella no estaba, los chicos crecían, las cosas habían dado el vuelco que el quería, pero el vuelco no lo daba el aun. Cerrado en su mundo, buscando lo mejor para sus hijos se había olvidado la misión en la que estaba involucrado.
Los chicos parecían estar bien, entre ciudad y ciudad el mundo se les hacía pequeño y las peleas en el coche eran inevitables. La ruta era su nuevo hogar y, de momento, habían aprendido a disfrutarla. Juan no, pero eso a el no le importaba. Disfrutaba compartiendo los altos en el camino, cascadas, rios, campings, ciudades coloniales, parques nacionales; Y que los chicos siguieran con el juego. Eso a el lo sorprendía bastante y lo alegraba, veía en sus hijos el alma que le habían robado.
La palabra del hoy, con la vorágine de la novedad constante, se había convertido en una misión pseudo imposible de aplicar, pero no de experimentar. Las reglas del juego habían cambiado, el juego continuaba. Joaquín era un libro abierto y, disimulando lecturas de un diccionario de bolsillo, siempre encontraba una palabra nueva para la jornada que los esperaba.
Juan y Tomás empezaron a dudar del menor, este gurrimin de un metro veinte se traía algo entre manos, la madurez con la que hablaba y las palabras que proponía los sorprendían, pero no querían desanimarlo. Aprovechando los largos ratos en que dormía, el padre y el mayor de los hijos comenzaron a entablar una nueva relación, con la única misión de descubrir que tramaba el menor. Así fue como pasaban largas horas hablando y comenzando a entablar la relación con la que Juan había soñado antes de partir.
- Comunican? De donde sacás las palabras vos?
- Cómo que de donde? Del mismo lugar que siempre.
Tomás no quiso ahondar mucho mas en el tema, pero achinando los ojos lo miró y le dijo: Joaquín, en que andás vos?
Joaquín conciente de lo que acababa de hacer, abrió bien grande los ojos, se tapo la boca con la mano derecha y miró para otro lado buscando una respuesta, y la encontró en un pequeño diccionario de bolsillo.
- De ahí, de donde sino…
Para Juan las cosas no habían resultado tan paradisíacas como el se lo había planeado. A pesar de estar viajando y disfrutando de los rincones del pais, no lograba desenchufarse y disfrutar de sus hijos. Sabía que dinero no le faltaba pero no lograba escaparse de la rutina mental de pensar en su Alma. Ella no estaba, los chicos crecían, las cosas habían dado el vuelco que el quería, pero el vuelco no lo daba el aun. Cerrado en su mundo, buscando lo mejor para sus hijos se había olvidado la misión en la que estaba involucrado.
Los chicos parecían estar bien, entre ciudad y ciudad el mundo se les hacía pequeño y las peleas en el coche eran inevitables. La ruta era su nuevo hogar y, de momento, habían aprendido a disfrutarla. Juan no, pero eso a el no le importaba. Disfrutaba compartiendo los altos en el camino, cascadas, rios, campings, ciudades coloniales, parques nacionales; Y que los chicos siguieran con el juego. Eso a el lo sorprendía bastante y lo alegraba, veía en sus hijos el alma que le habían robado.
La palabra del hoy, con la vorágine de la novedad constante, se había convertido en una misión pseudo imposible de aplicar, pero no de experimentar. Las reglas del juego habían cambiado, el juego continuaba. Joaquín era un libro abierto y, disimulando lecturas de un diccionario de bolsillo, siempre encontraba una palabra nueva para la jornada que los esperaba.
Juan y Tomás empezaron a dudar del menor, este gurrimin de un metro veinte se traía algo entre manos, la madurez con la que hablaba y las palabras que proponía los sorprendían, pero no querían desanimarlo. Aprovechando los largos ratos en que dormía, el padre y el mayor de los hijos comenzaron a entablar una nueva relación, con la única misión de descubrir que tramaba el menor. Así fue como pasaban largas horas hablando y comenzando a entablar la relación con la que Juan había soñado antes de partir.
domingo, 9 de mayo de 2010
La palabra de hoy. Tercer entrega
- Hoy: “indio sin gracia.” Dijo Joaquín.
Como el ambiente de una ruidosa estación de servicio no ayudaba a la comprensión entre los interlocutores, Tomás sacudiendo la cabeza le dijo.
-¿Qué?
-“indio sin gracia”, de eso, de lo que pensás, las ideas.
-idiosincrasia.
-si, eso.
Joaquín era muy elocuente para los pocos años que lo unían con el mundo de las ideas. Por eso, cuando se le ocurrían pensamientos como esos, no era extraño. Pero esto era demasiado. La situación quedó rebotando en la mente de Tomás, que sólo lo expresó con un leve ladeado de cabeza y un achine de ojos. Pero sin profundizar, se olvidó del tema y aceptó el desafío de la palabra del día.
Juan no estaba muy interesado en el desafío del día. Tenía cosas más importantes en qué ocupar su cabeza, como el destino de los tres hombres de la casa, su rumbo, un nuevo modo de vivir.
Pero Joaquín no podía dejar que eso pase. Parte de su pacto, aún secreto, incluía que Juan se involucre en la tradición diaria, para que no se perdiera el alma del juego, para que no se perdiera Alma.
-Bueno está bien, pero no podemos posponer el juego unos días? Es difícil hablar con extraños cuando estás en la ruta y tirarle estas palabras.
-No se, pregunto y te digo.- Dijo Joaquín.
-¿A quién?- preguntó Juan.
-Tengo sueño- Dijo Joaquín y fingió dormirse.
A Juan no pareció importarle demasiado. No parecía estar presente ni siquiera en las conversaciones que él mismo iniciaba. Eran tantas las preocupaciones que viajaban por su cabeza, pero tantas las ganas de cambiar de aire, de cambiar de vida, de intentar llenar el espacio en el alma…que sus distracciones eran perdonadas.
Quizás tampoco eran perdonadas. Quizás tampoco eran notadas…Los otros dos Quiroga tenían su propio mundo alterno al cual asistir, y aunque juntos para todo el viaje, y aunque se apoyaran incondicionalmente, últimamente eran tres solitarios que compartían un almuerzo o una habitación.
-Viste como sueña Joaco? Debe ser sonámbulo. Anoche entre sueños lo escuché hablar y lo vi sentadito en la cama, pero no lo quise despertar.
-Si?, querés más tostadas? Dijo Juan distraído.
-Qué?…no importa. Dijo Tomás resignado.
Joaquín empezó el día casi sin haber terminado el anterior. Lo que Tomás encontró como sonambulismo era Joaquín en plena consciencia de sus actos, pero con la inconsciencia de que podía haber alguien observando. Escuchando. Compartiendo una charla del alma. Con Alma.
Como el ambiente de una ruidosa estación de servicio no ayudaba a la comprensión entre los interlocutores, Tomás sacudiendo la cabeza le dijo.
-¿Qué?
-“indio sin gracia”, de eso, de lo que pensás, las ideas.
-idiosincrasia.
-si, eso.
Joaquín era muy elocuente para los pocos años que lo unían con el mundo de las ideas. Por eso, cuando se le ocurrían pensamientos como esos, no era extraño. Pero esto era demasiado. La situación quedó rebotando en la mente de Tomás, que sólo lo expresó con un leve ladeado de cabeza y un achine de ojos. Pero sin profundizar, se olvidó del tema y aceptó el desafío de la palabra del día.
Juan no estaba muy interesado en el desafío del día. Tenía cosas más importantes en qué ocupar su cabeza, como el destino de los tres hombres de la casa, su rumbo, un nuevo modo de vivir.
Pero Joaquín no podía dejar que eso pase. Parte de su pacto, aún secreto, incluía que Juan se involucre en la tradición diaria, para que no se perdiera el alma del juego, para que no se perdiera Alma.
-Bueno está bien, pero no podemos posponer el juego unos días? Es difícil hablar con extraños cuando estás en la ruta y tirarle estas palabras.
-No se, pregunto y te digo.- Dijo Joaquín.
-¿A quién?- preguntó Juan.
-Tengo sueño- Dijo Joaquín y fingió dormirse.
A Juan no pareció importarle demasiado. No parecía estar presente ni siquiera en las conversaciones que él mismo iniciaba. Eran tantas las preocupaciones que viajaban por su cabeza, pero tantas las ganas de cambiar de aire, de cambiar de vida, de intentar llenar el espacio en el alma…que sus distracciones eran perdonadas.
Quizás tampoco eran perdonadas. Quizás tampoco eran notadas…Los otros dos Quiroga tenían su propio mundo alterno al cual asistir, y aunque juntos para todo el viaje, y aunque se apoyaran incondicionalmente, últimamente eran tres solitarios que compartían un almuerzo o una habitación.
-Viste como sueña Joaco? Debe ser sonámbulo. Anoche entre sueños lo escuché hablar y lo vi sentadito en la cama, pero no lo quise despertar.
-Si?, querés más tostadas? Dijo Juan distraído.
-Qué?…no importa. Dijo Tomás resignado.
Joaquín empezó el día casi sin haber terminado el anterior. Lo que Tomás encontró como sonambulismo era Joaquín en plena consciencia de sus actos, pero con la inconsciencia de que podía haber alguien observando. Escuchando. Compartiendo una charla del alma. Con Alma.
jueves, 6 de mayo de 2010
La palabra de hoy. Seguna Entrega
Aunque de pocas palabras, Tomas cuando hablaba era acertado, ya fuese para bien o para mal. En este año de dura supervivencia, los tres hombres de la casa habían comenzado a entender que la vida ya no volvería a ser la misma, Tomas sobretodo. Aunque Juan se esforzara por disimular las cosas, muy de vez en cuando le salían bien, pero cuando parecía que todo había sido perfecto, zas! un lugar vacío los devolvía de un cachetazo a la realidad y ahí Tomás si que hablaba: “Falta Alma…” decía, lloraba y rebelde como era se retiraba dejando a Juan sólo frente al menor de los hermanos.
Joaquín no entendía nada. Por qué su mama no volvía de ese viaje? Ya no lo quería más? Por qué papa y Tomy se peleaban todo el tiempo? Tenía algo que ver el en todo esto? Joaquín era muy sensible a todo lo que sucedía en el hogar, pero el tenía un pacto que no podía romper. Había prometido no contárselo a nadie, por lo menos por ahora. Así que, aunque pareciera afectado, el siempre tenía quien lo tranquilizara.
La vida de los Quiroga era un remolino que revoleaba a sus integrantes de un lado para el otro todo el tiempo. No faltaban las abuelas, tías y primas metidas que pretendían dar calma en una familia que tenía que aprender a vivir de nuevo.
Y a Juan se le prendió la lamparita en un momento de iluminación en el que decidió darle el vuelco que sus vidas necesitaban, enderezar la cosa, cambiar rumbos, tomar el toro por las astas y jugarse todas las cartas que tenia por aquellas dos vidas que su Alma le había dado.
- Chicos, esto se terminó acá, nos vamos, tenemos que empezar a hacer algo que nos haga felices y como es mi responsabilidad he tomado la decisión.
Y así fue como los Quiroga arrancaron literalmente hablando. Juan vendió todo, lo que no pudo se lo dejo a las tías para que hicieran con ello lo que quisiesen. Los chicos dejaron el colegio y, aunque Tomy lo disimulara, irse le parecía la mejor idea que su padre podía haber tenido.
- Qué vamos a hacer papa? Preguntó Joaco.
- No se preocupen chicos, ahora le vamos a buscar un nuevo significado a la palabra del día. Vamos a experimentar todos los días palabras nuevas.
Aunque las tías, abuelas y primas llorasen los chicos no podían disimular la emoción, y cuando digo chicos hablo de los tres Quirogas que aquel iba a ser el primer día del resto de sus vidas.
La ciudad quedó atrás…
Joaquín no entendía nada. Por qué su mama no volvía de ese viaje? Ya no lo quería más? Por qué papa y Tomy se peleaban todo el tiempo? Tenía algo que ver el en todo esto? Joaquín era muy sensible a todo lo que sucedía en el hogar, pero el tenía un pacto que no podía romper. Había prometido no contárselo a nadie, por lo menos por ahora. Así que, aunque pareciera afectado, el siempre tenía quien lo tranquilizara.
La vida de los Quiroga era un remolino que revoleaba a sus integrantes de un lado para el otro todo el tiempo. No faltaban las abuelas, tías y primas metidas que pretendían dar calma en una familia que tenía que aprender a vivir de nuevo.
Y a Juan se le prendió la lamparita en un momento de iluminación en el que decidió darle el vuelco que sus vidas necesitaban, enderezar la cosa, cambiar rumbos, tomar el toro por las astas y jugarse todas las cartas que tenia por aquellas dos vidas que su Alma le había dado.
- Chicos, esto se terminó acá, nos vamos, tenemos que empezar a hacer algo que nos haga felices y como es mi responsabilidad he tomado la decisión.
Y así fue como los Quiroga arrancaron literalmente hablando. Juan vendió todo, lo que no pudo se lo dejo a las tías para que hicieran con ello lo que quisiesen. Los chicos dejaron el colegio y, aunque Tomy lo disimulara, irse le parecía la mejor idea que su padre podía haber tenido.
- Qué vamos a hacer papa? Preguntó Joaco.
- No se preocupen chicos, ahora le vamos a buscar un nuevo significado a la palabra del día. Vamos a experimentar todos los días palabras nuevas.
Aunque las tías, abuelas y primas llorasen los chicos no podían disimular la emoción, y cuando digo chicos hablo de los tres Quirogas que aquel iba a ser el primer día del resto de sus vidas.
La ciudad quedó atrás…
jueves, 22 de abril de 2010
La palabra de hoy
-Dale, levantate Joaco.
-Me hiciste tostadas?
-No, pero te las hago.
Todos los días la misma rutina. Despertador a las 5.30. Ducha. Despertar a Tomás. Desayuno. Despertar a Joaquín. Luchar con Joaquín. Desayunar. Definir la palabra del día. Llevar a Joaquín al colegio. Trabajo. Buscar a Joaquín del colegio. Llevar a Tomás a sus actividades. Cena. Discusión de la palabra de día. Acostarse. Pensar. Extrañar. Llorar. Finalmente dormir. Despertador a las 5.30.
Juan era viudo hacía 1 año. Su esposa había fallecido en un trágico accidente en el que sobrevivió Tomás, su hijo mayor de ahora 14 años. Desde ese día, en que Alma había muerto, Tomás no volvió a hablar, mucho por lo menos. Se culpaba del accidente porque había sido él quien eligió la ruta de regreso, no sin antes una fogosa discusión digna de un adolescente.
Joaquín, ahora de 5 años, mucho no entendía la situación. Sabía que su mamá no estaba, pero no le generaba demasiado dolor. Lo que sí quería era que las cosas se mantuvieran igual con respecto a él. Habrá sido su forma inconsciente de enfrentar la situación.
Los días mantenían su rutina, pero se llevaban toda la energía de Juan que luchaba pro mantener todo de la manera en que lo hacía Alma. Cómo llenas el espacio de un alma que se fue? Cómo seguís viviendo si te falta un alma?
Lo más especial de la vida familiar de los Quiroga era la palabra del día. Alma, licenciada en letras, quería que sus hijos leyeran y supieran hablar correctamente. Porque no es "hablar bien", es "hablar correctamente". No los podía obligar a leer si no querían, aunque Tomás siempre tuvo una especial conexión, una concexión en el alma, con Alma, del alma; y era él el que pedía más y más libros. Como a Juan (posteriormente a Joaquín) no le gustaba leer, ella propuso "la palabra de día". Todos los días, tomaba el diccionario y al azar elegían una denominación. La tarea: simple, consistía en utilizar la palabra sin importar el contexto. Luchar para ingresarla en una conversación, y culminar con una anécdota muchas veces humorística. De noche, después de cenar, discutían cómo les había ido, y si les había costado mucho trabajo incluir entre los pares una palabra como: esternocleidomastoideo. Las más graciosas los últimos tiempos habían sido las historias de Joaquín, que tenían que ver más con pronunciar mal o de hecho tratar de acordarse de la palabra...
Pero el juego divertía cada vez menos. Juan ya no podía fingir estar bien. Tomás ya casi no quería contar sus historias. Y Joaquín, ayudado por sus compañeros de escuela, en la edad más hermosa y cruel, entendía de a poco el por qué de la ausencia de su mamá. Las cosas no andaban bien en la casa Quiroga.
-Me hiciste tostadas?
-No, pero te las hago.
Todos los días la misma rutina. Despertador a las 5.30. Ducha. Despertar a Tomás. Desayuno. Despertar a Joaquín. Luchar con Joaquín. Desayunar. Definir la palabra del día. Llevar a Joaquín al colegio. Trabajo. Buscar a Joaquín del colegio. Llevar a Tomás a sus actividades. Cena. Discusión de la palabra de día. Acostarse. Pensar. Extrañar. Llorar. Finalmente dormir. Despertador a las 5.30.
Juan era viudo hacía 1 año. Su esposa había fallecido en un trágico accidente en el que sobrevivió Tomás, su hijo mayor de ahora 14 años. Desde ese día, en que Alma había muerto, Tomás no volvió a hablar, mucho por lo menos. Se culpaba del accidente porque había sido él quien eligió la ruta de regreso, no sin antes una fogosa discusión digna de un adolescente.
Joaquín, ahora de 5 años, mucho no entendía la situación. Sabía que su mamá no estaba, pero no le generaba demasiado dolor. Lo que sí quería era que las cosas se mantuvieran igual con respecto a él. Habrá sido su forma inconsciente de enfrentar la situación.
Los días mantenían su rutina, pero se llevaban toda la energía de Juan que luchaba pro mantener todo de la manera en que lo hacía Alma. Cómo llenas el espacio de un alma que se fue? Cómo seguís viviendo si te falta un alma?
Lo más especial de la vida familiar de los Quiroga era la palabra del día. Alma, licenciada en letras, quería que sus hijos leyeran y supieran hablar correctamente. Porque no es "hablar bien", es "hablar correctamente". No los podía obligar a leer si no querían, aunque Tomás siempre tuvo una especial conexión, una concexión en el alma, con Alma, del alma; y era él el que pedía más y más libros. Como a Juan (posteriormente a Joaquín) no le gustaba leer, ella propuso "la palabra de día". Todos los días, tomaba el diccionario y al azar elegían una denominación. La tarea: simple, consistía en utilizar la palabra sin importar el contexto. Luchar para ingresarla en una conversación, y culminar con una anécdota muchas veces humorística. De noche, después de cenar, discutían cómo les había ido, y si les había costado mucho trabajo incluir entre los pares una palabra como: esternocleidomastoideo. Las más graciosas los últimos tiempos habían sido las historias de Joaquín, que tenían que ver más con pronunciar mal o de hecho tratar de acordarse de la palabra...
Pero el juego divertía cada vez menos. Juan ya no podía fingir estar bien. Tomás ya casi no quería contar sus historias. Y Joaquín, ayudado por sus compañeros de escuela, en la edad más hermosa y cruel, entendía de a poco el por qué de la ausencia de su mamá. Las cosas no andaban bien en la casa Quiroga.
jueves, 15 de abril de 2010
Último capítulo: "La chica del traje negro"
Un duelo de titanes entre lo que era y lo que debía ser. Entre lo que sentía y lo que sabía que no quería sentir. Entre lo que le pedía su corazón y lo que le pedía la dueña de su corazón, Lucía.
La cabeza de Alejandra era la arena de semejantes peleas entre dicotomías que hacían que ni altísimas dosis de clonazepan pudieran callarlas.
Sabía lo que tenía que hacer desde el momento en que Lucía, entregada a un amor que no había sentido antes, confesó los detalles de su pasado:
-Era chica, no sabía lo que hacía, me moví por instinto. Es mi vieja, entendés? MI VIEJA, no podía dejar que eso siguiera pasando. La molía a palos y le destruía el alma.
¿Qué sabía yo que el tipo estaba tan conectado? Si me la pasaba viajando, no estaba ahí y cuando estaba, mi vieja estaba destruida. No lo dudé y le reventé la cabeza cuando se dio vuelta. El tipo era un borracho, y la policía mucho no preguntó, parecía un accidente. Eso debería haber sido algo bueno, pero significó que todo estaba podrido Ale, todo. No tenía para donde correr. Si a ningún lugar de Argentina me pude ir, estaban en todos lados esos hijos de puta que querían vengarlo. Decí que por lo menos tenía a esos amigos acá en Barcelona, y este laburo que me cayó del cielo. Fue raro, que se yo, pero acá nadie preguntó nada, encontré este laburo que pagaba bien, que nadie pidió demasiadas referencias, que se yo. Sirvió. Y yo enterré mi pasado mientras pude.
No sabía que una revolcada podía hacerla sentir dudas sobre lo que sabía que tenía que hacer. Si después de todo, fue ella quien puso los anzuelos para que cayera Lucía “la tía de Argentina que tenemos que enterrar”. Iba a ser un trabajo como cualquiera. Unos meses, un accidente de autos, otra muerte sin sospechar. Cómo sino se iba a mantener semejante taller durante semejante crisis financiera? Los italianos de Barcelona movían todos los hilos, incluidos los que manejaban el taller. De tanto en tanto, encargaban un trabajo como estos quedaba a cargo de Alejandra, la única que tenía la sangre tan helada como para soportarlo.
Desde Argentina había llegado el pedido de hacer desaparecer a Lucía, una tía que mató al tipo equivocado en el momento menos indicado, para hacer enojar a tipos innombrables para la mayoría. Alejandra se encargó de encontrarla, aunque no pensaba enamorarse de ella.
-Los frenos papá, los frenos. Ese hijo de puta conectó mal los frenos y se descontroló en la pista cuando estaba haciendo la vuelta de prueba.
Un guiño cómplice de su padre le dio la pauta a Alejandra de que estaban hablando el mismo idioma. Hablaban de un “accidente”, trágico, con un saldo fatal, una vida más en una circunstancia en la que a nadie se culpa. Cristobal supo que su hija había hecho lo que tenía que hacer y la prueba sólo la dio la ropa del cuerpo calcinado. El traje negro que Lucía portaba el día de su muerte.
Ese día, levantarse a las 5 no fue lo mismo, porque después de desayunar, en vez de un maletín, Alejandra levantó una valija, su pasaporte y cerró la puerta de su departamento y de su vida oculta para siempre.
El vuelo llegó a las 8 hora local, el aeropuerto de Tokio parecía un hormiguero, pero la cara de Lucía que la esperaba con una sonrisa y flores de cerezo fue todo lo que necesitó para saber que su vida, empezaba ahí.
-Algún día me vas a perdonar? Dijo Alejandra.
-Si. Pero necesito saberlo….¿Cómo hiciste con el cuerpo?
La cabeza de Alejandra era la arena de semejantes peleas entre dicotomías que hacían que ni altísimas dosis de clonazepan pudieran callarlas.
Sabía lo que tenía que hacer desde el momento en que Lucía, entregada a un amor que no había sentido antes, confesó los detalles de su pasado:
-Era chica, no sabía lo que hacía, me moví por instinto. Es mi vieja, entendés? MI VIEJA, no podía dejar que eso siguiera pasando. La molía a palos y le destruía el alma.
¿Qué sabía yo que el tipo estaba tan conectado? Si me la pasaba viajando, no estaba ahí y cuando estaba, mi vieja estaba destruida. No lo dudé y le reventé la cabeza cuando se dio vuelta. El tipo era un borracho, y la policía mucho no preguntó, parecía un accidente. Eso debería haber sido algo bueno, pero significó que todo estaba podrido Ale, todo. No tenía para donde correr. Si a ningún lugar de Argentina me pude ir, estaban en todos lados esos hijos de puta que querían vengarlo. Decí que por lo menos tenía a esos amigos acá en Barcelona, y este laburo que me cayó del cielo. Fue raro, que se yo, pero acá nadie preguntó nada, encontré este laburo que pagaba bien, que nadie pidió demasiadas referencias, que se yo. Sirvió. Y yo enterré mi pasado mientras pude.
No sabía que una revolcada podía hacerla sentir dudas sobre lo que sabía que tenía que hacer. Si después de todo, fue ella quien puso los anzuelos para que cayera Lucía “la tía de Argentina que tenemos que enterrar”. Iba a ser un trabajo como cualquiera. Unos meses, un accidente de autos, otra muerte sin sospechar. Cómo sino se iba a mantener semejante taller durante semejante crisis financiera? Los italianos de Barcelona movían todos los hilos, incluidos los que manejaban el taller. De tanto en tanto, encargaban un trabajo como estos quedaba a cargo de Alejandra, la única que tenía la sangre tan helada como para soportarlo.
Desde Argentina había llegado el pedido de hacer desaparecer a Lucía, una tía que mató al tipo equivocado en el momento menos indicado, para hacer enojar a tipos innombrables para la mayoría. Alejandra se encargó de encontrarla, aunque no pensaba enamorarse de ella.
-Los frenos papá, los frenos. Ese hijo de puta conectó mal los frenos y se descontroló en la pista cuando estaba haciendo la vuelta de prueba.
Un guiño cómplice de su padre le dio la pauta a Alejandra de que estaban hablando el mismo idioma. Hablaban de un “accidente”, trágico, con un saldo fatal, una vida más en una circunstancia en la que a nadie se culpa. Cristobal supo que su hija había hecho lo que tenía que hacer y la prueba sólo la dio la ropa del cuerpo calcinado. El traje negro que Lucía portaba el día de su muerte.
Ese día, levantarse a las 5 no fue lo mismo, porque después de desayunar, en vez de un maletín, Alejandra levantó una valija, su pasaporte y cerró la puerta de su departamento y de su vida oculta para siempre.
El vuelo llegó a las 8 hora local, el aeropuerto de Tokio parecía un hormiguero, pero la cara de Lucía que la esperaba con una sonrisa y flores de cerezo fue todo lo que necesitó para saber que su vida, empezaba ahí.
-Algún día me vas a perdonar? Dijo Alejandra.
-Si. Pero necesito saberlo….¿Cómo hiciste con el cuerpo?
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