“Mierda, mierda, mierda..¿Por qué carajo no me hizo caso?” una y otra vez se repetía la misma pregunta, a su alrededor las cosas se empezaban a mover a gran velocidad, pero eso no importaba. Las marchas pasaban suavemente y las abruptas curvas del camino también, después de todo, a pesar de que la adrenalina fluía como jamás lo había hecho, era una excelente conductora que no dudaba frente al volante.
Venía de una familia de fanáticos de las tuercas, su padre trabajó durante diez años en la fórmula uno y su hermano seguía sus pasos. Entre coches desarmados, tuercas que hacían muñequitos y manchas de grasa la niña se fue haciendo mujer. Siempre muy apegada a su padre, no se le escapaba un detalle en el armado y desarmado de motores.
Quizás de pequeñas las miradas la sonrojaran un poco, pero de mujer le importaron mucho menos, ella estaba al frente del taller y sabía perfectamente lo que hacía. No iba a dejar que nadie le dijese qué hacer, ni cómo.
Empresaria afamada, ferviente amante de su trabajo y comprometida jefa; Todo en su vida parecía ir viento en popa. Alejandra tenía una vida social agitada y no eran pocos los hombres que peleaban por lograr su atención.
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ResponderEliminarno se vale dejarlo ahí
me gusta el comienzo, parece una mina copada. A mi me gustaría que pase algo que la obligue a empezar de cero, a buscar trabajo en talleres mecánicos donde lo ultimo que esperan es que una mujer quiera trabajar allí...
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